-Lisa -dijo Marta con voz temblorosa pero firme-. Necesito decirte algo. Algo que debería haber dicho hace mucho tiempo. Hizo una pausa, respirando hondo, mientras Lisa la observaba con atención y un poco nerviosa.
-Estoy enamorada de ti -confesó Marta-. Sus palabras salieron de su boca como un suave susurro cortando la tensión que había en el ambiente.
Lisa sintió cómo su corazón se detenía por un instante antes de acelerarse. Sus manos dejaron caer los documentos, y su mirada se clavó en la de Marta, buscando alguna señal de que esto no era una broma, de que era real. Con voz suave pero segura, respondió:
Lisa sintió cómo su corazón se detenía por un instante antes de acelerarse. Sus manos dejaron caer los documentos, y su mirada se clavó en la de Marta, buscando alguna señal de que esto no era una broma, de que era real. Con voz suave pero segura, respondió:
-Yo también, Marta. Yo también te quiero.
El mundo a su alrededor pareció desvanecerse. La oficina, con sus escritorios ordenados se convirtió en un escenario íntimo, testigo de un momento que ambas habían anhelado en silencio. Marta dio un paso más, cerrando la distancia entre ellas, y Lisa se levantó de su silla, sus cuerpos casi rozándose. Sin más palabras, sus labios se encontraron en un beso apasionado.
Marta enredó sus dedos en el cabello de Lisa, tirando suavemente de él, mientras Lisa rodeaba su cintura con los brazos, acercándola más. Sus lenguas se entrelazaron saboreando ese momento, sabían lo que estaba por venir.
Las manos de Marta comenzaron a deslizarse por el cuerpo de Lisa, trazando su silueta. Sus dedos desabrocharon los primeros botones de su blusa, revelando la piel suave y pálida de su pecho. Lisa gimió suavemente contra los labios de Marta, su cuerpo respondía al tacto con deseo.
-Te he querido tanto tiempo -susurró Marta entre besos-, su aliento rozaba el oído de Lisa, quien cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación que le producía.
-Yo también -respondió Lisa-. No sabes cuánto he soñado con este momento.
Marta la llevó hacia el escritorio, empujándola suavemente hasta que Lisa quedó apoyada contra la madera de la mesa. Marta terminó de desabrochar la blusa de Lisa, dejándola caer al suelo, le quitó el sostén revelando sus pechos pequeños pero perfectos, los pezones endurecidos por el deseo. Marta besaba y lamía su cuello, bajando lentamente hacia sus pechos. Tomó un pezón entre sus labios, succionando suavemente, mientras su mano libre masajeaba el otro, haciendo que Lisa arqueara la espalda y soltara un gemido ahogado.
Marta sonrió, subió de nuevo para besar sus labios apasionadamente. Mientras sus bocas se movían al unísono, las manos de Marta bajaron por el cuerpo de Lisa, desabrochando el botón de su falda y deslizándola por sus caderas hasta que cayó al suelo. Lisa quedó en ropa interior.
-Eres preciosa -susurró Marta.
Lisa se sonrojó, pero no apartó la mirada, tomó las manos de Marta y las llevó hacia su cuerpo, hacia el borde de su tanga. Marta entendió la invitación y deslizó la prenda hacia abajo. Lisa se mordió el labio, sintiendo la mirada de Marta en su sexo ya húmedo.
Marta se arrodilló entre las piernas de Lisa.
Lisa se mordió su labio, su respiración se aceleraba. Marta acercó su rostro, inhalando el aroma dulce de Lisa antes de extender su lengua y trazar un camino desde su sexo hasta su clítoris. Lisa gimió, sus manos enredadas en el cabello de Marta mientras su cuerpo se tensaba de placer.
Marta disfrutaba del sabor de Lisa en su boca. Lamió y chupó con habilidad, sus dedos se deslizaban dentro de su humedad para aumentar el placer. Lisa se retorcía sobre el escritorio, gemía ante la llegada del orgasmo. Su cuerpo se tensó, y un grito de placer escapó de sus labios. Marta continuó lamiendo suavizando el ritmo hasta que Lisa se relajó, su respiración era entrecortada.
Marta se levantó, besando suavemente los labios de Lisa antes de comenzar a desvestirse. Su blusa cayó al suelo, seguida de su falda, dejando al descubierto su cuerpo esbelto y sus pechos firmes. Lisa la observó con lujuria.
- Ahora es mi turno -dijo Lisa con una sonrisa pícara-, acercando a Marta hacia ella.
La oficina fue testigo de su secreto y se convirtió en el escenario de su entrega, ambas supieron que ese era solo el comienzo de algo más profundo, de un sentimiento guardado durante mucho tiempo.
Dakota©
El mundo a su alrededor pareció desvanecerse. La oficina, con sus escritorios ordenados se convirtió en un escenario íntimo, testigo de un momento que ambas habían anhelado en silencio. Marta dio un paso más, cerrando la distancia entre ellas, y Lisa se levantó de su silla, sus cuerpos casi rozándose. Sin más palabras, sus labios se encontraron en un beso apasionado.
Marta enredó sus dedos en el cabello de Lisa, tirando suavemente de él, mientras Lisa rodeaba su cintura con los brazos, acercándola más. Sus lenguas se entrelazaron saboreando ese momento, sabían lo que estaba por venir.
Las manos de Marta comenzaron a deslizarse por el cuerpo de Lisa, trazando su silueta. Sus dedos desabrocharon los primeros botones de su blusa, revelando la piel suave y pálida de su pecho. Lisa gimió suavemente contra los labios de Marta, su cuerpo respondía al tacto con deseo.
-Te he querido tanto tiempo -susurró Marta entre besos-, su aliento rozaba el oído de Lisa, quien cerró los ojos, dejándose llevar por la sensación que le producía.
-Yo también -respondió Lisa-. No sabes cuánto he soñado con este momento.
Marta la llevó hacia el escritorio, empujándola suavemente hasta que Lisa quedó apoyada contra la madera de la mesa. Marta terminó de desabrochar la blusa de Lisa, dejándola caer al suelo, le quitó el sostén revelando sus pechos pequeños pero perfectos, los pezones endurecidos por el deseo. Marta besaba y lamía su cuello, bajando lentamente hacia sus pechos. Tomó un pezón entre sus labios, succionando suavemente, mientras su mano libre masajeaba el otro, haciendo que Lisa arqueara la espalda y soltara un gemido ahogado.
Marta sonrió, subió de nuevo para besar sus labios apasionadamente. Mientras sus bocas se movían al unísono, las manos de Marta bajaron por el cuerpo de Lisa, desabrochando el botón de su falda y deslizándola por sus caderas hasta que cayó al suelo. Lisa quedó en ropa interior.
-Eres preciosa -susurró Marta.
Lisa se sonrojó, pero no apartó la mirada, tomó las manos de Marta y las llevó hacia su cuerpo, hacia el borde de su tanga. Marta entendió la invitación y deslizó la prenda hacia abajo. Lisa se mordió el labio, sintiendo la mirada de Marta en su sexo ya húmedo.
Marta se arrodilló entre las piernas de Lisa.
Lisa se mordió su labio, su respiración se aceleraba. Marta acercó su rostro, inhalando el aroma dulce de Lisa antes de extender su lengua y trazar un camino desde su sexo hasta su clítoris. Lisa gimió, sus manos enredadas en el cabello de Marta mientras su cuerpo se tensaba de placer.
Marta disfrutaba del sabor de Lisa en su boca. Lamió y chupó con habilidad, sus dedos se deslizaban dentro de su humedad para aumentar el placer. Lisa se retorcía sobre el escritorio, gemía ante la llegada del orgasmo. Su cuerpo se tensó, y un grito de placer escapó de sus labios. Marta continuó lamiendo suavizando el ritmo hasta que Lisa se relajó, su respiración era entrecortada.
Marta se levantó, besando suavemente los labios de Lisa antes de comenzar a desvestirse. Su blusa cayó al suelo, seguida de su falda, dejando al descubierto su cuerpo esbelto y sus pechos firmes. Lisa la observó con lujuria.
- Ahora es mi turno -dijo Lisa con una sonrisa pícara-, acercando a Marta hacia ella.
La oficina fue testigo de su secreto y se convirtió en el escenario de su entrega, ambas supieron que ese era solo el comienzo de algo más profundo, de un sentimiento guardado durante mucho tiempo.
Dakota©